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12.6.2017
NOTICIAS DE LA ENERC
EN PRIMERA PERSONA

Hoy escribe Ana Laura Monserrat, realizadora egresada de la ENERC e investigadora científica, que participó recientemente de The Looking China Project, en la Provincia de Guilín, China.
“Noche de paz, noche de amor, todo duerme en derredor…” pero son las 14hs, hay sol y la música apenas se escucha por sobre los bocinazos y las voces de la gente en la calle. La canción de navidad proviene de un camión hidrante enorme, muy parecido a un cambión de basura, que va limpiando la calle abriéndose paso en un tránsito imposible. Dos colombianos, un brasileño, cuatro argentinas, un iraní,  una belga y dos mexicanos, todos nos descostillamos de la risa por igual. Pero los demás nos miran extrañados. “¿Es divertido?” nos preguntan. “’¡Sí!” respondemos agarrándonos la panza de la risa. Nos explican que la función de esa música es alertar para que la gente no se acerque al camión. Estamos en China.


¿Por qué algunas cosas nos causan gracia?
Foucault dice que todo tiene que ver con una clasificación que hacemos de las cosas. La música de navidad y el camión hidrante. La Biblia y el Calefón. En “Las palabras y las cosas” Foucault recuerda una hipotética enciclopedia desopilante, citada por Borges… y la enciclopedia por supuesto es China.
A partir de ese día me atacó la pregunta: ¿Cómo hago para filmar lo que no entiendo ni por asomo? ¿Cómo hago para hablarles desde un documental?

Todos tuvimos un solo día de investigación y después salimos a filmar. Empecé filmando lo que me llamaba la atención, pidiendo a Wang Dazhuang, el estudiante de posgrado asignado para filmar conmigo, que me explique esto o aquello. Tuve suerte, Dazhuang si bien no tenía conocimientos de cine sí tiene un especial interés por la diversidad cultural y una excelente educación en lo que respecta a su propio lenguaje. No es cosa menor, Dazhuang me leía de corrido las inscripciones en las rocas de la dinastía Song (unos mil años de antigüedad), algo que cualquier persona culta de China encuentra muy difícil de realizar. En un inglés bastante básico pudimos tener conversaciones profundas. Me maravillaba el hecho de por diferentes caminos llegábamos a apreciaciones cercanas, que podía entender a lo que se refería cuando me explicaba el análisis que había hecho de cierto libro de Kundera, de cierta estructura política o de cierto concepto confucionista. Sin embargo, en las cosas más simples, no podíamos entendernos. Yo no podía evitar reírme al verlo comer ajos como caramelos y él disimulaba el espanto al vernos a los latinos saludarnos a los besos.

La conversación con los demás realizadores era sumamente gratificante. De repente me sentí muy cerquita de México, Brasil y Colombia, pero también sorpresivamente cerca de Bélgica y de Irán. Sin embargo, en lo cotidiano, seguía sintiéndome ausente del lugar en donde estaba. No podía dejar de buscar un punto de conexión, algo que me identifique con lo que tenía alrededor. Adaptarme. Logré un avance cuando me compré un vestido y me até el pelo, me puse anteojos negros y salí sola a la calle. Nadie me miró, nadie me pidió sacarse fotos conmigo (cosas que pasaban cuando salía vestida y peinada de argentina). Pero a pesar de caminar como cualquiera por las calles de Guilin (se pronuncia “küi lín”) cualquier cosa que quería conectar con mi vida o mis recuerdos caía en la más burda comparación; mis metáforas no tenían alma.

Filmé con un enfoque académico, no pude dejarme llevar por la inspiración, todo era demasiado ajeno a mí, demasiado nuevo. Quería hacer un excelente trabajo, se lo debo a la ENERC, se lo debo a Looking China por esta oportunidad. Así que me incomodaba mucho no poder ver esa estructura mágica, ese hilo conductor entre el enunciador y el espectador potencial, que para mí es lo que le da poesía al leguaje audiovisual. Solo una toma, una sola, se conectó con algo profundo dentro de mí. Era una mujer sentada, descansando mientras miraba un puente a orillas de un lago, y dos nenes que la interpelaban. Ella respondía no solo con la voz sino también con el cuerpo, jugaban. Esa toma quedó fuera de mi documental. Encima es de corta duración (¿¡por qué moví la cámara!?). Pero es la que más me gusta.
¿Por qué nos gustan las cosas?

Cuatro días después de terminar de filmar el equipo de Looking China nos pidió visualizar los borradores de lo que habíamos filmado. Ahí me quedé encantada con la imagen de una nena que había captado Jorge, uno de los realizadores mexicanos. ¿Por qué me había fascinado esa imagen? Lo entendí el día después, cuando Luis, el otro realizador mexicano, me mostró algunas tomas que habían quedado fuera de su documental pero le encantaban. Lo mismo que me pasó a mí. Era una familia, y un niño que se refugiaba en el pecho de su papá… me quedé mirando el lenguaje corporal del nene y me di cuenta: los niños tienen el mismo lenguaje, exacto, que el de los nenes de las escuelas en donde trabajo aquí, en Buenos Aires.

Ese descubrimiento me llenó el alma. No, no quedó plasmado en el documental y eso me duele. Pero la experiencia queda en mi interior y está ahí ahora buscando salir. ¿Cómo agradecer por algo tan único como la experiencia de vivir otra cultura, al menos un poquito?
Y aquí es donde las palabras no me alcanzan, aquí es donde me surgen ganas de mostrar esas imágenes, porque esa conexión se puede explicar en un libro hermoso, pero me surge la necesidad de que lo vean a través de mí, de mis trabajos. Será por eso que elegí esta carrera. Ojalá mis producciones en el futuro estén a la altura de las personas e instituciones que me enseñaron, que me dieron oportunidades como esta.